El pueblo alemán que reniega de Ana Frank

Han caído las últimas hojas de los árboles, la alfombra de tonos sepia oculta un par de juguetes olvidados en la arena y el patio de la guardería Ana Frank, en Tangerhütte, permanece en incongruente silencio. A esta hora, los niños deberían estar jugando fuera, pisando charcos o recogiendo castañas, que es lo que suelen hacer en noviembre los niños en las guarderías alemanas. Pero los menores de esta guardería no salen al patio «seguramente para protegerlos de los periodistas«, sugiere, no sin cierta mala uva, una lugareña que sale de la vecina panadería Schulz. Los habitantes de Tangerhütte, un municipio de unas diez mil almas en el distrito de Stendal, en Sajonia Anhalt, no quieren hablar del asunto y se sienten visiblemente molestos por el juicio global al que han sido sometidos en las últimas semanas.

A principios de año, cuando la directora de la guardería presentó su proyecto, nadie podía sospechar que la ocurrencia terminaría convertida en un asunto de Estado. Quería cambiar el nombre de la guardería, que desde hace 53 años se llama Kindertagesstätte Ana Frank, en memoria de la niña judía que escribió su famoso diario escondida en Amsterdam, huyendo con su familia de la persecución nazi, y que fue asesinada en el campo de concentración de Bergen-Belsen en 1945, cuando tenía 15 años. Según explicaría más tarde al periódico ‘Magdeburger Volksstimme’ la directora de la guardería, Linda Schichor, «queríamos algo sin antecedentes políticos». La responsable del centro se había encontrado con el problema de que la historia de Ana Frank «es difícil de entender para los niños pequeños«, a lo que se sumaba que »los padres de origen inmigrante a menudo no se sienten implicados«, por lo que había decidido cambiar el nombre de Ana Frank por el de World Explorer, mucho más apropiado a su juicio. Ahora se niega a conceder entrevistas.

Una reunión más

Ni siquiera los padres, en ese primer momento, le dieron mayor importancia. «Fue un punto más del orden del día, pasó bastante inadvertido», comenta la madre de una niña inscrita en la guardería, previo juramento solemne de que su nombre no aparecerá en el artículo y que evita pronunciarse en contra o a favor, «es que usted no imagina cómo son esas reuniones, se tratan asuntos como las normas de pañales o el contenido del almuerzo». «Yo me concentro en lo que haya que pagar, para no despistarme porque tengo tres hijos y para mí es muy difícil cuadrar las agendas de todos ellos, así que, si le digo la verdad, escuché lo del cambio de nombre como algo administrativo, como que no iba conmigo, y menuda se ha liado«, añade. Sólo dos padres presentaron objeciones en esa reunión, pero »se trató más bien de preguntas que de quejas«.

La mayoría de las madres que acuden a recoger a los niños prefieren no hablar del tema. Sólo algunas comentan brevemente: «Los niños son muy pequeños, no se enteran de nada de Ana Frank…», «no veo el problema en poner un nombre que esté relacionado con el juego y que sea optimista…«, »es injusto que nos traten de antisemitas«. Una abuela, sin embargo, no puede evitar la pregunta: »¿Pero por qué el nombre de Ana Frank ya no funciona?… Pertenece a la historia, pero yo no me meto«. Las escuetas declaraciones sacadas a regañadientes apuntan a que, casi 80 años después de la muerte de la niña judía, las rutinas familiares y las responsabilidades del día a día se habían impuesto a su recuerdo. La importancia de llamarse Ana Frank quedaba oculta bajo la hojarasca de la Historia. Hasta que el cruel ataque terrorista de Hamás devolvió a ese nombre todo su poder simbólico y la pequeña localidad de Tangerhütte se vio, de pronto, señalada por todos.

«No sé por qué se preocupan por el nombre, si pronto no habrá ya niños»

El alcalde del pueblo no se tomó las primeras críticas demasiado en serio. El independiente Andreas Brohm explicó que la guardería había «pasado por un proceso de renovación» durante los últimos 14 meses y que por eso, a principios de año, «surgió la idea de hacer visible este cambio fundamental de concepto, para abrir más la guardería al mundo exterior, dándole a la instalación un nombre diferente». Cuando las críticas se agudizaron en las redes sociales, Brohm se lo tomó como un asunto de soberanía y escribió: «Si los padres de los niños y los empleados de la guardería quieren un nombre que refleje mejor el concepto educativo, eso tendría más peso que la situación política mundial».

A esas alturas, muchos partidos políticos alemanes y todo tipos de asociaciones se habían pronunciado contra el cambio de nombre y Tangerhütte recibía ya presiones desde los más altos niveles. El presidente del Memorial del Holocausto Yad Vashem en Israel, Dani Dayan, advirtió contra una «señal alarmante» en una carta dirigida al alcalde Brohm y al presidente regional Reiner Haseloff: «¿Qué tipo de mensaje educativo intenta enviar a los residentes de la ciudad? ¿Está sugiriendo que el legado de Ana Frank ya no es relevante, especialmente en un momento en que el antisemitismo está creciendo en Alemania y en muchos otros países?».

Pros y contras

El vicepresidente del Comité Internacional de Auschwitz, Christoph Heubner se mostró también consternado en una carta abierta al pueblo de Tangerhütte: «Si estás dispuesto a desestimar tu propia historia de manera tan descuidada, especialmente en estos tiempos de nuevo antisemitismo y extremismo de derecha, y si el nombre de Ana Frank se percibe como inadecuado en el espacio público, sólo puedes sentirte temeroso y ansioso cuando se trata de la cultura del recuerdo en nuestro país«. El alcalde, visiblemente desbordado, dijo en una entrevista con Welt Tv: »la discusión sobre el cambio de nombre está en proceso, se están valorando los pros y contras«. Finalmente, el Consejo de la ciudad se ha pronunciado esta semana unánimemente en contra del cambio, a petición de la conservadora CDU. En una declaración conjunta, los grupos municipales declaran la iniciativa como un »olvido histórico« de la dirección de la guardería, »caldo de cultivo para las teorías conspirativas y la hostilidad hacia la democracia, incluido el antisemitismo«.

«No se por qué se preocupan ustedes tanto por el nombre, si pronto no habrá ya niños y tendrá que cerrar la guardería», dice un dependiente de la farmacia, preocupado. «¿No hay en el mundo nada más interesante, que tiene usted que escribir sobre esto? Ocúpese de otros asuntos, ustedes no tienen nada que opinar aquí», reprocha un viandante, que también se niega a dar su nombre pero no desaprovecha la ocasión de hacer reproches a quienes no son del pueblo y «vienen aquí a decirnos nada». Ana Frank escribió en su diario que «la gente puede decir que mantengas la boca cerrada, pero eso no te impide tener tu propia opinión», aunque los habitantes de Tangerhütte parecen sentirse aparentemente más identificados con esta otra frase que nos dejó estampada en su cuaderno íntimo: «No me juzgues, sino considérame simplemente como un ser que siente a veces que la copa se desborda«.

Denken Sie schließlich daran, dass jedes Ende einen neuen Anfang mit sich bringt. Mögen wir uns zum Abschluss dieses Artikels über die gewonnenen Erkenntnisse, gewonnenen Erkenntnisse und künftigen Möglichkeiten freuen. Lassen Sie uns gemeinsam mit Mut und Optimismus voranschreiten, denn die Reise geht weiter und unser Potenzial kennt keine Grenzen. easttribun

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